Y serás un solitario
protagonista rodeado de parafernalias compañías; vacías, desechas. Quedarás
atrapado en un lugar donde nunca verás caras, ni cuerpos, ni almas. Se perderá
el calor de un abrazo o de una cena a cielo abierto, se perderá el sonido de la
voz atrapado en letras pronunciadas en la cabeza. Se ocultaran reacciones,
viento en cabellos y vívidos recuerdos. Terminarás dentro de ínfimos restos de
tu vasta imaginación, porque ha salido de tí sonido tras sonido, punto por
punto, dedo por dedo. Estás condenado entonces a vivir tras los mismos cuerpos
que carecen de evolución, porque ellos también han caído y tu has caído con
ellos. Harás parte de una comunidad errante que se desconocen entre ellos, pero
que con todos se conocen; presentes pero ausentes, sin propósito ni dirección.
Serás infeliz y buscarás en otros lugares y hábitos la falsa llenura de la
felicidad. En tus ojos se apagará lentamente la luz que daba indicios de tu
viveza, te volverás lento, pobre por dentro, responderás volublemente a los que
te rodean. Te jactarás de estar completo, cuando ni siquiera posees la mínima
parte de la infinidad.
Ves lo que por espejo crees
estar viendo, pero tus sentidos cegados sólo te guían a un abismo real.
La verdad es que sigues siendo
el mismo con los mismos, haciendo las mismas cosas. Solía pensar que tu futura
imagen había cambiado, pero sigues siendo el mismo inmóvil. Indeterminado. Una
imagen fija. Cómo cambiar el rumbo de la inercia cuando ni siquiera es llevada
al extremo? El mismo débil, el mismo corto, el mismo finito hombre que sueña y
no libera. El mismo hombre preso, el mismo naufrago con olor a muerto. Sus
charlas de respuestas cortas, de risas de doble sentido, el mismo dispuesto a
traicionar por un placer cumplido, los mismos ojos arrepentidos. Quién eres por
detrás y qué muestras por delante? Cuales son tus barreras, tu empuje y que
tanto estas dispuesto a arriesgar? En realidad, qué tanto y profundamente
sueñas?
El mismo. En eso te has
convertido.