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Si un deseo fuera lo que desearas, ¿qué desearías?
¿Y qué diría el deseo que desearas?

Arriba, ojos arriba al cielo llenando de suspiros el aire.
Sopla el viento las corrientes de anhelos que esperan llegar.
Ligeros, elevándose, esperando las raíces echar.

Algunos deseos luchan por ser soplados otros luchan por ser arraigados.

Cuando un deseo se arraiga en lo más profundo del ser, no respira, no late. De pronto se comparte, pero si se comparte entra en riesgo de ser mutilado a la mitad.

De morir antes de evolucionar.

El punto

-Un punto de no retorno?

-Sí,  a ese al que no regresamos.
Donde todo empieza en cero, como cuando la aceleración máxima llega al punto flotante de las partículas peculiares que se singularizan. Que risa.

-No hay risa, la verdad.
Es otra particularidad del asombro de la quietud que se puede volver aceleración... o no...

-Pero, un punto de no retorno?

-Sí, a ese del que no volvemos.
Ese en el que desaparece la visión pasada en el presente al volver a mirar. A ese que no se añora, ni se pretende regresar.
Hay personas, hay lugares,  hay recuerdos y distancias.

-Es mejor cambiar de gafa.

-Sin dejar de respirar.

There's a natural mystic blowin' through the air



Es lugar caótico, pero en perfecto balance. Edificios altos, que tapan la luz del sol.
Son unas personas melancólicas y ocupadas, pero a la vez felices en su ignorancia.

Hay pasillos y escaleras, paredes que se conectan unas a otras, que voltean y se estiran; puntos con ascensores que solo suben y otros que solo bajan. Unas partes donde solo paran en los pisos pares y otros donde paran en los pisos impares. Unos humos que bailan y otros que aguardan.

Hay una leve música al fondo que pinta el paisaje de naranjas y azules, como dibujando el atardecer a medida que se camina.
Bass y sax.

Lineas difuminadas imperceptibles desdibujan los límites de la consciencia. ¿Hasta dónde llegan las sombras y hasta dónde llega la luz?

Los autos gritan, haciendo paisaje la bulla. Y todo, colores, sonido y personas se vuelven un estado del recuerdo.

Hay una mujer apurada cruzando las líneas del ferrocarril, con un gabán tan café como los mechones de pelo que salen de su sombrero. Zapatos bajitos, ya mojados en los bordes por los charcos. Su caminar apurado ha hecho que les entre agua, pero ella ignora la incomodidad que resbala como la cartera que lleva debajo del brazo.

La densa neblina ha bajado una vez más reafirmando que el atardecer está muriendo. Indicando que a la ciudad se le sube la temperatura, y que los naranjas se van, dando predominancia a los verdes, azules y negros. Tal vez sea un estado de ánimo, tal vez el bass y el sax cambian de tonalidad.

Acelera el paso mientras se repite una y otra vez la tarea que no se le puede olvidar. Pero lo impensable llega a pasar, se le cae la cartera que la obliga a devolverse, dando media vuelta en el lugar.

Manos temblorosas, escalofríos que trajo la nube de humo del puente que intentaba cruzar. Agacha la cabeza y encuentra la cartera, sumergida. Untada de lágrimas y hasta babas de ciudad. Y es que el humo había estado esperándola, en la esquina, recostado.

Se inclina, manos frías que intentaba ocultar. En ese instante se siente implosionar. La mujer sobresalta llena de electricidad desde el centro de su ser hasta las puntas de los dedos. Los zapatos se comienzan a secar, las medias de malla no son más. De hecho, su piel se empieza a evaporar.

Es el estado de consciencia, son los colores que se van. Y con el bass y el sax, se eleva un conjuro místico haciendo eco: a algunos les hablarás y no te escucharán, mientras que para otros, serás escuchada sin hablar.

Amarte por transferencia en los elementos de la memoria



Enviar corazones, pero rotos.
Enviar deseos, que no llegan.
Sin hay retorno, sin confirmación.

Se lanzan al viento como las semillas de un diente de león,
o más precisamente como las semillas voladoras de los árboles grandes que se encuentran
al caminar por el barrio.

Escribir y desnudar el corazón para un 'gracias, todo bien'.
Apendejarse -como dicen- y seguirlo intentando una y otra vez.

Mostrar la emoción, desnudar el corazón.
Rompiendo el cascarón que envolvía el centro blando por protección.
Dicen que la vulnerabilidad es la mejor opción.

No lo sé.

¿Qué sentido tiene cuando se llega a tierra que parece mostrarse infértil?
¿Qué sentido tiene evitar escuchar las voces subconscientes?

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No llego acompañada, he estado sola después de salir de la oficina.
Nos quedamos algunos en la terraza del trabajo hablando de proyectos y tomando cerveza, dispersando el día y las entregas.

Me prendí un poquito y te añorė hasta en el aire.

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Hay recuerdos de dolores que se mezclan entre la imaginación y la realidad.
Datos, hechos, varias versiones de la verdad.

Lo que queda vibrando es su interpretación en la memoria del sentir.
Y esa memoria del sentir es que lo hace el hueco,
lo que se evita recordar la felicidad.

La última vez que añoré fue cuando inventé una proyección.
Una idea no materializada. Alguien que no existió de verdad.
Caí, pero no de verdad.

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Te recuerdo en cada sorbo, en cada soplo de viento nocturno.
El anhelo que destila tu ausencia.
La respuesta del viento que confirma que no estás y el corazón palpitando a mil.
Lo más cercano a volverte a besar es pegar mi boca a la lata de cerveza.

Romantizo tu presencia y te espero con anhelo idealizando que es posible aún aprender.
Que el lente podría cambiar.

Cómo duelen los anhelos...

Tus manos inquietas que cuando descansas se cruzan en tu pecho, tus hombros llenos de constelaciones y variaciones sutiles de color, tu barba con sus canas rojas reflejando cada idea que alguna vez existió; tus chistes en diferentes nacionalidades, tus ojos cansados que indican todas las llamadas telefónicas que hiciste en el día; tus abrazos, los que son de medio lado, los que son de frente, incluso los evasivos, los cortos y los largos de pecho cerrado; tus besos cortos y tímidos, rápidos y fugaces; tu risa que llena tu cara y que en ocasiones se intimida cuando es vista, hasta que la mano la tapa; tu caminar rápido como si el mundo se acabara, como si caminar te recargara las palabras; cada parte tuya me ha contado una historia y cada historia la he guardado en el único disco duro que ningún ser humano podrá robar.

Como quisieras que miraras un poco desde mi realidad.

Amarte por transferencia en los elementos de la memoria.

Suspensión volatoria

¿Viene o va?
¿Voy o vengo?
Linajes compartidos con bestias
para ahora llegar a desplegar alas.

Y es que,
¿cuando fue mejor una especie que otra?¿Cuando fuimos mejores personas que otras?

En suspensión capturada se mueve.
Como si cada segundo
pudiera ser más rápido que el anterior.
La intención de la perspectiva en el corazón.

Aún presente
vigilante al mar,
como si el mar trajera personas en las olas.
Como si en la espuma rodaran palabras deseadas,
de esas que se anhelan y refrescan el alma.
Ah! Pero olvida que el mar es salado. Y la quietud en ocasiones también.

¿Trae o lleva?
¿Se va o volverá?
No vinieron solas eso sí.
Al cabo de unos segundos llegaron un par más.
Pero esa, esa en específico, llegó sola.
Guardaba la esperanza de regresar acompañada por promesas aun no cumplidas.

Ha viajado bastante.
Ha tomado rumbo a diferentes conexiones.
Un alma tras otra.

¿Cuál será la mía? Se pregunta mientras se congela.
¿Algún día la tendré?
¿Entonces me equivoqué?
¿Otra vez?
Esta vez sí pensé que era.

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-Entonces, ¿va lento o va rápido?
-¿Qué cosa?
-El ave
-Yo hablaba de quién veía el ave.