Amarte por transferencia en los elementos de la memoria



Enviar corazones, pero rotos.
Enviar deseos, que no llegan.
Sin hay retorno, sin confirmación.

Se lanzan al viento como las semillas de un diente de león,
o más precisamente como las semillas voladoras de los árboles grandes que se encuentran
al caminar por el barrio.

Escribir y desnudar el corazón para un 'gracias, todo bien'.
Apendejarse -como dicen- y seguirlo intentando una y otra vez.

Mostrar la emoción, desnudar el corazón.
Rompiendo el cascarón que envolvía el centro blando por protección.
Dicen que la vulnerabilidad es la mejor opción.

No lo sé.

¿Qué sentido tiene cuando se llega a tierra que parece mostrarse infértil?
¿Qué sentido tiene evitar escuchar las voces subconscientes?

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No llego acompañada, he estado sola después de salir de la oficina.
Nos quedamos algunos en la terraza del trabajo hablando de proyectos y tomando cerveza, dispersando el día y las entregas.

Me prendí un poquito y te añorė hasta en el aire.

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Hay recuerdos de dolores que se mezclan entre la imaginación y la realidad.
Datos, hechos, varias versiones de la verdad.

Lo que queda vibrando es su interpretación en la memoria del sentir.
Y esa memoria del sentir es que lo hace el hueco,
lo que se evita recordar la felicidad.

La última vez que añoré fue cuando inventé una proyección.
Una idea no materializada. Alguien que no existió de verdad.
Caí, pero no de verdad.

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Te recuerdo en cada sorbo, en cada soplo de viento nocturno.
El anhelo que destila tu ausencia.
La respuesta del viento que confirma que no estás y el corazón palpitando a mil.
Lo más cercano a volverte a besar es pegar mi boca a la lata de cerveza.

Romantizo tu presencia y te espero con anhelo idealizando que es posible aún aprender.
Que el lente podría cambiar.

Cómo duelen los anhelos...

Tus manos inquietas que cuando descansas se cruzan en tu pecho, tus hombros llenos de constelaciones y variaciones sutiles de color, tu barba con sus canas rojas reflejando cada idea que alguna vez existió; tus chistes en diferentes nacionalidades, tus ojos cansados que indican todas las llamadas telefónicas que hiciste en el día; tus abrazos, los que son de medio lado, los que son de frente, incluso los evasivos, los cortos y los largos de pecho cerrado; tus besos cortos y tímidos, rápidos y fugaces; tu risa que llena tu cara y que en ocasiones se intimida cuando es vista, hasta que la mano la tapa; tu caminar rápido como si el mundo se acabara, como si caminar te recargara las palabras; cada parte tuya me ha contado una historia y cada historia la he guardado en el único disco duro que ningún ser humano podrá robar.

Como quisieras que miraras un poco desde mi realidad.

Amarte por transferencia en los elementos de la memoria.

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