There's a natural mystic blowin' through the air
Es lugar caótico, pero en perfecto balance. Edificios altos, que tapan la luz del sol.
Son unas personas melancólicas y ocupadas, pero a la vez felices en su ignorancia.
Hay pasillos y escaleras, paredes que se conectan unas a otras, que voltean y se estiran; puntos con ascensores que solo suben y otros que solo bajan. Unas partes donde solo paran en los pisos pares y otros donde paran en los pisos impares. Unos humos que bailan y otros que aguardan.
Hay una leve música al fondo que pinta el paisaje de naranjas y azules, como dibujando el atardecer a medida que se camina.
Bass y sax.
Lineas difuminadas imperceptibles desdibujan los límites de la consciencia. ¿Hasta dónde llegan las sombras y hasta dónde llega la luz?
Los autos gritan, haciendo paisaje la bulla. Y todo, colores, sonido y personas se vuelven un estado del recuerdo.
Hay una mujer apurada cruzando las líneas del ferrocarril, con un gabán tan café como los mechones de pelo que salen de su sombrero. Zapatos bajitos, ya mojados en los bordes por los charcos. Su caminar apurado ha hecho que les entre agua, pero ella ignora la incomodidad que resbala como la cartera que lleva debajo del brazo.
La densa neblina ha bajado una vez más reafirmando que el atardecer está muriendo. Indicando que a la ciudad se le sube la temperatura, y que los naranjas se van, dando predominancia a los verdes, azules y negros. Tal vez sea un estado de ánimo, tal vez el bass y el sax cambian de tonalidad.
Acelera el paso mientras se repite una y otra vez la tarea que no se le puede olvidar. Pero lo impensable llega a pasar, se le cae la cartera que la obliga a devolverse, dando media vuelta en el lugar.
Manos temblorosas, escalofríos que trajo la nube de humo del puente que intentaba cruzar. Agacha la cabeza y encuentra la cartera, sumergida. Untada de lágrimas y hasta babas de ciudad. Y es que el humo había estado esperándola, en la esquina, recostado.
Se inclina, manos frías que intentaba ocultar. En ese instante se siente implosionar. La mujer sobresalta llena de electricidad desde el centro de su ser hasta las puntas de los dedos. Los zapatos se comienzan a secar, las medias de malla no son más. De hecho, su piel se empieza a evaporar.
Es el estado de consciencia, son los colores que se van. Y con el bass y el sax, se eleva un conjuro místico haciendo eco: a algunos les hablarás y no te escucharán, mientras que para otros, serás escuchada sin hablar.
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