Alma mía, a qué hora nos llenamos de miedos oxidados, de palabras enquistadas?
A qué hora alma mía?
Cómo nos cegamos a los trabajos que fuimos acumulando,
las miradas que guardamos, las palabras,
los actos peligrosos que nuestra mente pensó fueron inventados
y que fuimos acuñando negando nuestra realidad,
pensando que había más para dar?
A qué hora alma mía?
Cuándo se entró la consciencia del fuego encendido,
si pensamos que había estado frío cuando en realidad siempre estuvo prendido?
Ahora, en este alarido es que vaciamos la vasija.A lo lejos ya no escuchamos al chatarrero, su voz ya no resuena;
Ahora es que se escuchan las aguas tranquilas, el fuego equilibrado,
Ahora es nuestra la voz que escuchamos.
Ahora. Ahora.
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